domingo, 21 de diciembre de 2014

¿ALGO ESTÁ MAL?


A Randy




A veces me pregunto si algo está mal en mí.  Llevo sin pareja  4 años y 3 meses y para muchas personas esto es anormal. Hay días en que me pregunto por qué sigo soltera y respondo que porque quiero, otras veces pienso que me asusta, que me rehúso, que pongo mis ojos en los hombres equivocados y en otras ocasiones, me quedo sin respuesta. Sé que vivir en pareja no es la única forma de vivir, porque la felicidad es individual y solo se comparte.




Sin embargo, los días en que Vale no está y no tengo ánimos de hacer algo, pienso en mí y en todo el amor que guardo. (En el baúl,/ allí guardé de nuevo mi amor;/ intacto, sin precio. “Casi inconcluso IV”). Y es un amor diferente al de madre e hija, distinto al amor casual, irreconocible a mí misma, a la ausencia de mis padres y a la distancia de algunos amigos muy queridos. Esta noche estoy aquí, en el sofá, con una copa de vino y apalabrada.

Si algo está mal, me falta descubrir exactamente lo que es y cómo manejarlo. Mientras tanto sigo mi "Carpe diem" aunque haya días en los que pase por la vida sin saber que he pasado, como escribió José Ángel Buesa en el "Poema al renunciamiento". La vida es tan corta para perderla en nimiedades como estas, pero la pierdo las noches en que la ausencia de todos es la única presencia de los demás.

Hoy es una de esas noches en que solo me tengo a mí misma y no es suficiente. Menos mal que es algo temporal. Sí, porque vuelvo mi vista y veo un cielo inmenso y hermoso que tanto hoy como mañana estará allí y sabré que el tiempo pasa, que la tristeza es efímera y la felicidad me colma. Soy una mujer de riesgos y complejidades, hoy bebo una lágrima y mañana un mar de risas. Me engañaría si pienso que estoy sola.

Me hace falta sentir que la vida es un sube y baja y que necesito el peso perfecto para el balance.  Cuando mi hija llora por cosas superfluas o se frustra por tonterías, le digo que cargamos dos sacos: uno para las ganancias y otro para las pérdidas y que ambos son necesarios para tener equilibrio. Hay amigas que me piden consejos, incluso "conocidas" que se comunican conmigo a través del blog. Me sorprende, de buena manera,  que nunca me ha faltado una palabra de aliento para compartirles. 

Después de todo, hoy y siempre "la vita è bella"  y ese es mi karma. Desde el 2007 hasta el 2014, he conocido la vida, he conocido la muerte, he conocido el amor y he conocido el desamor. Hoy reflexiono en el silencio (como siempre suelo hacer para que la vida no se me escape sin darme cuenta) y la verdad es que no hay nada  mal en mí. La vida es y seguirá siendo bella, y contrario al poema de Buesa, pasaré por la vida y el mundo lo sabrá.

P. D.
Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor y, al pasar,
fingiré una sonrisa como un dulce contraste
del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.
-José Ángel Buesa-







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martes, 2 de diciembre de 2014

DONDE DEJO MI CORAZÓN



A los que me han abrazado durante estos meses


Cada día dejo mi corazón en algún lado. En las mañanas lo dejo en la escuela donde estudia mi hija, Sofía Valentina. Me marcho con la esperanza de que la atiendan bien, tanto en lo educativo como en lo personal. Sin embargo, es solo un voto de confianza que hasta he sentido transgredido, algunas veces. Esas, en las que se queja de lo que supuestamente le hicieron sus compañeros, del regaño que le dio la maestra o de la comida que no le gustó. Tonterías que pueden causarme angustia si lo pienso mucho.



Los fines de semana dejo mi corazón en manos del padre de mi hermosa. Allí lo deposito con la certeza de que al amarla tanto como yo, la cuidará de igual modo. Pero no siempre me siento satisfecha de los cuentos que me hace cuando regresa, y que juzgo como bien o mal, erróneamente. Porque para crecer hay que dejar de juzgar y en realidad, él es un buen papá.

Durante los últimos meses dejé mi corazón en los libros que leí y en las palabras que escribí. Fui egoísta, estuve mal humorada, me exigí demasiado. Terminé mi trabajo con disciplina y placer, pero en el camino mi hija recibió más regaños de la cuenta y más exigencias de mi parte. Tuve menos tolerancia, lo admito, y me duele.

También he dejado mi corazón flotando. Esos días no me soporto a mí misma, todo lo cuestiono, nada es suficiente. Únicamente contemplar el rostro de mi hija mientras duerme, tan quietamente (al fin), me conmueve. Y si es un día de los que ella no está, mi sueño es un desasosiego.

He dejado mi corazón en el teléfono, en el iPad y en la computadora. A la espera de una llamada, de un mensaje, improvisando alguna aventura que rompa mi rutina, complazca mi cuerpo y eleve mi alma. No siempre ocurre lo que espero cuando quiero y con quien quiero.  En esos momentos mi corazón se tuerce y recuerdo la mujer que soy,  fuera de mi rol de madre y de profesional. Una mujer de dureza aparente, de gracias y carencias, de fuerzas y debilidades, de ganancias y pérdidas. Solo una mujer.

Hay otros días que permito que mi corazón lata en mi pecho. Son los momentos en los que estoy en paz, conmigo misma, en equilibrio. Ese es el tiempo perfecto en el que sé que tengo todo lo que necesito. Y como valor añadido, cuido a una bella hija, inteligente, creativa y amorosa. Donde dejo mi corazón, dejo mi pasión, dejo mi vida...

P. D. Hoy dejo el corazón en estas líneas para el que quiera tenerlo por un rato.






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domingo, 22 de junio de 2014

HE APRENDIDO A CONVIVIR CON ÉL

A Darío y Vidín
 
Nada hace desaparecer el dolor de una pérdida importante, pero se aprende a convivir con él. No estoy consciente si cada año, cuando se acerca esta fecha, me invade la misma tristeza, pero en estos días, en que harán cinco años que perdí a mis padres, me he sentido profundamente nostálgica. Algunos sicólogos lo llaman "el fantasma del duelo". No se asusten, aún no es patológico (según ellos).



En este tiempo me he superado, he alcanzado muchas metas que me había trazado, he sido feliz, pero no por eso los he olvidado.  La verdad es que los recuerdo todos los días de mi vida y he aprendido a vivir sin ellos. El lugar que mis padres ocupaban se quedó vacío y nadie va a poder ocuparlo, pero aún puedo seguir viviendo felizmente.

Mi hija, que nació el mismo año, no es un premio de consolación ni los sustituye, pero llegó en el momento justo. No puedo arrojarme a vivir en el dolor de esta ausencia porque me privaría de todo lo demás, de disfrutar del resto, especialmente de Sofía Valentina. No ha sido fácil. Me da coraje que ella no los haya conocido y que ellos no la estén disfrutando. Sin embargo, no amo menos a la vida, por el contrario, la amo más porque sé que es hermosa y frágil.

Amo y extraño a mis padres. Muchas veces quisiera que estuvieran a mi alcance para pedirles dirección en mi faceta de madre. De pronto mi hija "hace algo" y me pregunto ¿habré hecho algo así cuando chiquita? Me quedo sin respuesta y eso me duele. Me entristece también cuando me percato de estar "obrando" como mi madre; es extraño.

No hablo de mi duelo prácticamente con nadie, mucho menos con mi abuela o mis hermanos. Todo lo contrario: los evito en estos días. Los llamo el día de sus respectivos cumpleaños, pero nunca el día de madres ni de padres (tampoco ellos a mí). No es que esté bien, quizá es algo así como un escudo. A todos nos duele, perdimos lo mismo, pero no lo hablamos. Tal vez inconscientemente le tememos a esa caja de Pandora. También leí que los sicólogos dicen que es más difícil pasar el duelo con la familia porque nos inhibimos y porque todos lo enfrentamos de forma diferente.


En fin, escribir es lo único que me alivia. Me disculpan si resulta ser una columna melancólica, no es mi intención. Mi tristeza de hoy no es para siempre, solo empaña mi felicidad. Los que no han pasado por esto, algún día lo vivirán, inevitablemente. Espero entonces que mi experiencia les dé esperanza, porque la hay. La vida es bella, lo comprendí cuando acabó la de mis amados y cuando empezó la de mi amada. Contradictorio.

P. D. ¿Cómo no ser así? Si mi amada en vez de echarme el brazo al hombro, me echa la pierna.