domingo, 22 de junio de 2014

HE APRENDIDO A CONVIVIR CON ÉL

A Darío y Vidín
 
Nada hace desaparecer el dolor de una pérdida importante, pero se aprende a convivir con él. No estoy consciente si cada año, cuando se acerca esta fecha, me invade la misma tristeza, pero en estos días, en que harán cinco años que perdí a mis padres, me he sentido profundamente nostálgica. Algunos sicólogos lo llaman "el fantasma del duelo". No se asusten, aún no es patológico (según ellos).



En este tiempo me he superado, he alcanzado muchas metas que me había trazado, he sido feliz, pero no por eso los he olvidado.  La verdad es que los recuerdo todos los días de mi vida y he aprendido a vivir sin ellos. El lugar que mis padres ocupaban se quedó vacío y nadie va a poder ocuparlo, pero aún puedo seguir viviendo felizmente.

Mi hija, que nació el mismo año, no es un premio de consolación ni los sustituye, pero llegó en el momento justo. No puedo arrojarme a vivir en el dolor de esta ausencia porque me privaría de todo lo demás, de disfrutar del resto, especialmente de Sofía Valentina. No ha sido fácil. Me da coraje que ella no los haya conocido y que ellos no la estén disfrutando. Sin embargo, no amo menos a la vida, por el contrario, la amo más porque sé que es hermosa y frágil.

Amo y extraño a mis padres. Muchas veces quisiera que estuvieran a mi alcance para pedirles dirección en mi faceta de madre. De pronto mi hija "hace algo" y me pregunto ¿habré hecho algo así cuando chiquita? Me quedo sin respuesta y eso me duele. Me entristece también cuando me percato de estar "obrando" como mi madre; es extraño.

No hablo de mi duelo prácticamente con nadie, mucho menos con mi abuela o mis hermanos. Todo lo contrario: los evito en estos días. Los llamo el día de sus respectivos cumpleaños, pero nunca el día de madres ni de padres (tampoco ellos a mí). No es que esté bien, quizá es algo así como un escudo. A todos nos duele, perdimos lo mismo, pero no lo hablamos. Tal vez inconscientemente le tememos a esa caja de Pandora. También leí que los sicólogos dicen que es más difícil pasar el duelo con la familia porque nos inhibimos y porque todos lo enfrentamos de forma diferente.


En fin, escribir es lo único que me alivia. Me disculpan si resulta ser una columna melancólica, no es mi intención. Mi tristeza de hoy no es para siempre, solo empaña mi felicidad. Los que no han pasado por esto, algún día lo vivirán, inevitablemente. Espero entonces que mi experiencia les dé esperanza, porque la hay. La vida es bella, lo comprendí cuando acabó la de mis amados y cuando empezó la de mi amada. Contradictorio.

P. D. ¿Cómo no ser así? Si mi amada en vez de echarme el brazo al hombro, me echa la pierna.


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