sábado, 5 de septiembre de 2015

UN LIBRO ABIERTO

                 

A las jefas de hogar

Prácticamente desde que inicié con mi blog Soltera con Compromiso, en el 2010, he sido un libro abierto.  Los que me siguen desde entonces son testigos de las alegrías y penurias que he vivido, en estos años, con Sofía Valentina. Muchos de ustedes me han expresado su admiración y hasta me han dicho que soy una súper mamá, pero ¿saben qué? Los engañé. Soy una mala madre y trato mal a mi hija. ¿Sorprendidos? También yo.



Lo de "soy una mala madre" es la conclusión a la que llegó después de que me hija, supuestamente, le dijo a alguien que la trato mal.

Como he sido un libro abierto, estos últimos cinco años y quiero que me sigan leyendo, voy a contarles por qué trato mal a mi hija.

·         La trato mal en las mañanas antes de ir a la escuela, ya que se emperra porque no quiere ponerse la ropa que le saco, empieza a ponerse y quitarse atuendos y la regaño insistentemente.

·         La trato mal porque después de llegar de la escuela y dejarla jugar un rato, la llamó y me pongo a estudiar con ella. Eso es mal trato porque ella quiere seguir jugando.

·         La trato mal porque no cocino y la pobre está famélica. Llamen a Servicios Sociales porque el hecho de que yo no cocine arroz con habichuelas y carne, significa que no la alimento.

·         La trato mal porque la corrijo cuando muestra síntomas de agresividad física o verbal, que parece que ve en mi casa porque soy yo la mala madre.

·         La trato mal porque le hablo fuerte cuando se impone absurdamente como si fuera ella la madre y yo la hija.

·         La trato mal porque no juego con ella lo suficiente. Trabajo, y trabajo de más porque quiero obtener un título que repercuta en beneficios para ambas; y como jefa de este hogar, me toca hacer todo. ¡Qué mal trato!

·         La trato mal porque siempre estamos ella y yo solas y pocas veces, cuando está conmigo, se rodea con amigos, para jugar. Soy muy mala madre porque no parí más, ni tengo amistades con hijos de su edad ni familia inmediata a donde llegar.

·         La trato mal porque la mando a recoger los regueros y la enseño a acomodar las cosas en su lugar.

·         La trato mal porque el otro día me hizo muecas y le di un lapo en la cabeza. ¡Soy una pésima madre porque debí aplaudirle esa mala crianza!

·         La trato mal porque trato de no dejarme manipular. ¡Pobre niña, que ni  ríe ni se divierte cuando está conmigo. ¡Pregúntenle y ella les dirá!

En fin, podría seguir enumerando razones por las que soy mala madre, pero sé que ya están atónitos y completamente decepcionados del tipo de maltrato que hace una madre que cría sola a su hija. Yo también lo estoy, por eso lloré exageradamente, como para abastecer al río la Plata. Sequé el llanto con el pañuelo de papi, busqué unos brazos donde guarecerme y reflexioné mucho. Luego recordé un cuento anónimo que se titula "Las tres rejas", cuya moraleja es que no debemos repetir  rumores si no estamos absolutamente seguros de que es cierto, de que le hace bien a alguien o de que es necesario. Esas son las tres rejas: la verdad, la bondad y la necesidad.

¿Qué ocurre si no pasamos los rumores por las tres rejas? Hacemos daño. Sin embargo, como lo realmente importante aquí es cómo se siente mi hija, hablé con ella. Me abrió su corazón y la conversación es digna de otra columna.

P. D. No soy una súper mamá, cometo muchos errores, pero sigo aprendiendo.


domingo, 10 de mayo de 2015

DE CINCO A SEIS AÑOS DE LUZ

A mi hija y a su padre, a Mami y Papi
Hay días en los que solo soy íntima. Hay memorias que me sacan sonrisas. Hay sentimientos que evocan mis lágrimas. Sin embargo, y a pesar de, vivo intensamente mi desdicha y mi placer. Ya mi bebé es una niña. Con ella tengo las conversaciones más profundas y las más triviales. Las charlas más inteligentes y las más absurdas. Los diálogos más auténticos de mi vida, han sido con ella. Sofía Valentina es, sin duda, la revolución de mi existencia. La rebelión que sus abuelos anhelaban y  no alcanzaron a ver.



Mi hija existe porque la concebí y acepté el decreto. No hay arrepentimiento ni hoy, ni mañana, ni jamás. Su amor cambió mi vida (me ha hecho mejor persona) y es capaz de transformar a los que la rodean. Ella es luz. Ella es amor. Ella es presente. Hoy mi vida (y la de su padre) son el escudo que la protegen, pero mañana o cuando ya no estemos, será ella suficiente coraza para enfrentar la vida.

Eso me queda claro. Como la certeza de que mis padres no están, pero me dejaron suficiente armadura para enfrentar a un ejército y salir airosa. Sin duda. El legado de mi hija es demasiado poderoso. Puedo morir esta noche (lo que no va a suceder) y ella será un roble como su bisabuela.

Hoy recuerdo un día en el que mi papá convalecía (yo estaba embarazada) y sentí que él se despidió de mí con su mirada, y lloré y lloré como si hubiera muerto. Muchos familiares estaban en el hospital esa noche. Alguien me dijo: "tienes que dejarlo ir", pero mi madre, que era callada pero sabia, me preguntaba si me habían dicho algo que me lastimara. Mami sabía que algunos de mis familiares me juzgaban mal por las circunstancias en las que había concebido a mi hija. Pero ni ella ni mi papá, que fueron y son las únicas dos autoridades en mi vida, me enjuiciaron, jamás. Y eso es mucho decir.

Por eso hoy reitero que Mami y Papi me amaron sin condiciones y sin prejuicios. Me apoyaron aunque pensaran que estaba equivocada. Ellos me enseñaron el verdadero amor. Ellos me dieron la lección de mi vida. Hace cinco años, casi seis, que ellos murieron y que mi hija nació. Solo la alcanzaron a ver en las fotos, blanco y negro, de los sonogramas. Pero en la trascendencia de sus almas, están conmigo y con mi hija todo el tiempo. Como también están en los gestos y en los actos de mi hija, todo el tiempo. Porque la genética es la genética y el misterio de la vida es el misterio de la vida.

A mis padres los extraño cada día, irremediablemente. También los siento cada día, afortunadamente. Y mi hija es parte de ellos, como es parte de su papá y de mí. Y esos cinco, casi seis años, son los únicos años en que realmente he vivido. Sofía Valentina es la sagrada bendición de muchas almas hoy y de tantas más, mañana. Es lo mejor de muchos, es un pedazo de ser extraordinario. Mi hija es luz, que nadie ose pensar lo contrario.

P. D. Vale, tú eres bendita como tu abuelo y tu abuela. Tú solo alumbras.