sábado, 31 de enero de 2015

CIEN POR CIENTO

 A Mayra
El otro día recogí a mi hija en la escuela y cuando veníamos de camino, de pronto me dijo: "Mami, te tengo que enseñar algo que te va a emocionar". Entonces agarró su bulto, sacó la libreta y me mostró un 100 %. Lo había obtenido en su prueba de lectura. Por supuesto,  mostré alegría, emoción y la felicité. Alabé su inteligencia, su astucia y su individualidad.
En ese momento me interrumpió: "Como saqué buena nota, cómprame un juguete". El tono que usó me desfiguró, pero disimulé y le dije que no podía comprarle nada y que ella había recibido en Navidad, muchísimos juguetes. "Pero yo quiero otro juguete y tú me lo tienes que comprar porque yo saqué buena nota". La verdad es que casi freno en seco, pero me contuve. Entonces acompañó su reclamo con llanto.


Suerte que el tramo que nos quedaba para llegar a nuestra casa no era mucho. No bien arribamos, la llamé y le dije que tenía algo importante que hablar con ella. Nos sentamos, le tomé las manos y comencé a explicarle que yo no estaba obligada a comprarle cosas cada vez que ella sacara una buena nota, porque estudiar era una de sus responsabilidades y todas las personas cumplimos obligaciones sin esperar que nos premien.

Le conté que cuando mis calificaciones eran buenas mis papás me decían "te felicito, estoy muy orgulloso de ti" y eso era suficiente. No salían corriendo a comprarme “sorpresitas”,  porque no podían y tampoco era necesario. Le aclaré que las cosas materiales son objetos que solo tienen valor monetario, que lo verdaderamente importante era cultivar su intelecto, definir sus valores y amar.

"¿Tú quieres ser exitosa?", le pregunté y me respondió que sí. "¿Sabes lo que es ser exitosa?", indagué. "Sí, ser como tú" (recuperó algo de ternura). "¿Por qué piensas que soy exitosa?" "Porque sabes todo lo de tu trabajo". (Recuerden que tiene cinco años). Su respuesta fue válida, demostró que entendía, así que continuamos nuestra conversación de "adultas".

Seguí diciéndole que las cosas más valiosas nacen del corazón y que no todos los regalos tenían que ser materiales. Que podemos obsequiar una flor, una canción, un dibujo, un poema. Reafirmé que estaba muy orgullosa de ella y que si  quería convertirse en una persona exitosa, tenía que empezar por conocer sus obligaciones y cumplirlas. "Una de mis obligaciones es trabajar", le dije, "así gano el dinero para suplir nuestras necesidades básicas".

Para cerrar la conversación le ofrecí un beso de mariposa. Me miró con esa única cara... (digna hija de su madre) y procedí a darle el beso, rozando mis pestañas con su mejilla. Entonces sonrió, por las cosquillas, y se puso tan feliz que empezamos a intercambiar distintos tipos de besos que nos inventábamos en el momento.

¡Uffff! Yo no obtuve un 100 %, la tarea de ser madre es muy difícil. Algunos días siento que me cuelgo y otros días solo aprendo.

P. D. Gracias Mayra, puse en práctica algunas de tus ideas y me salió bien.

sábado, 17 de enero de 2015

CARTA ABIERTA A MI HIJA

A Sofía Valentina
Querida hija:
Todas las noches, mientras duermes, te miro y tu rostro ilumina mi corazón. Sin fallar, al menos una lágrima brota, otras veces un llanto y alguna vez, una congoja. Pienso en el día y en todo el tiempo que invertí regañándote, gritándote o castigándote. Disciplinarte es el trabajo más difícil que me ha tocado hacer. ¡Y mira que amo trabajar, tú (que te has quejado de eso) bien lo sabes.


Cuando no estás, te extraño inmensamente y el silencio taladra mis oídos. Cuando estás, tu actitud voluntariosa y tu carácter retante me fatigan, y el silencio es mi mayor anhelo. ¡Creces muy rápido, hija mía, ya tienes cinco años! Me veo en ti cada día, unas veces con orgullo y otras,  con miedo. Si bien tienes de mí lo mejor, también lo peor.

Criarte es lo más duro que me ha tocado hacer y es la certeza dolorosa de la muerte. De todo hablamos y de todo siento cuando conversamos. Me gusta charlar contigo, pero no me gusta jugar y sé que eso, en este momento de tu vida, es importante. Entonces pienso en mi infancia y no recuerdo que mi mamá jugara conmigo. Pero no te equivoques cariño, ella fue mejor madre que yo hija.

Sé que estoy divagando un poco. Lo que quiero que comprendas, cuando llegue el momento, es que disciplinarte es parte de mi responsabilidad como madre porque mi amor es tan inmenso que solo busca lo mejor para ti. Sé que a veces cantaleteo más de la cuenta: cuando estoy triste, muy estresada o me siento sola. Ya comprenderás que también soy una mujer, además de tu madre, y las mujeres sentimos muchas cosas y yo que soy sensible y exigente, padezco de corajes cuando me frustro.

No recuerdes tanto eso, por favor. Piensa, mejor, en las cosquillas que te hago, en las caricias mañaneras, en las canciones nocturnas, en las conversaciones, en los paseos sanjuaneros, en las salidas de tiendas, en las muecas graciosas, en los chistes poco graciosos, en nuestra complicidad...

No cuentes las horas que dejo de jugar contigo por estar sentada ante la computadora. Cuenta las líneas que he escrito para ti desde antes que nacieras. Mi amor, tú eres la lección de mi vida.

Te adora,
Mamá (Girasol, como me llamas en privado)