sábado, 17 de enero de 2015

CARTA ABIERTA A MI HIJA

A Sofía Valentina
Querida hija:
Todas las noches, mientras duermes, te miro y tu rostro ilumina mi corazón. Sin fallar, al menos una lágrima brota, otras veces un llanto y alguna vez, una congoja. Pienso en el día y en todo el tiempo que invertí regañándote, gritándote o castigándote. Disciplinarte es el trabajo más difícil que me ha tocado hacer. ¡Y mira que amo trabajar, tú (que te has quejado de eso) bien lo sabes.


Cuando no estás, te extraño inmensamente y el silencio taladra mis oídos. Cuando estás, tu actitud voluntariosa y tu carácter retante me fatigan, y el silencio es mi mayor anhelo. ¡Creces muy rápido, hija mía, ya tienes cinco años! Me veo en ti cada día, unas veces con orgullo y otras,  con miedo. Si bien tienes de mí lo mejor, también lo peor.

Criarte es lo más duro que me ha tocado hacer y es la certeza dolorosa de la muerte. De todo hablamos y de todo siento cuando conversamos. Me gusta charlar contigo, pero no me gusta jugar y sé que eso, en este momento de tu vida, es importante. Entonces pienso en mi infancia y no recuerdo que mi mamá jugara conmigo. Pero no te equivoques cariño, ella fue mejor madre que yo hija.

Sé que estoy divagando un poco. Lo que quiero que comprendas, cuando llegue el momento, es que disciplinarte es parte de mi responsabilidad como madre porque mi amor es tan inmenso que solo busca lo mejor para ti. Sé que a veces cantaleteo más de la cuenta: cuando estoy triste, muy estresada o me siento sola. Ya comprenderás que también soy una mujer, además de tu madre, y las mujeres sentimos muchas cosas y yo que soy sensible y exigente, padezco de corajes cuando me frustro.

No recuerdes tanto eso, por favor. Piensa, mejor, en las cosquillas que te hago, en las caricias mañaneras, en las canciones nocturnas, en las conversaciones, en los paseos sanjuaneros, en las salidas de tiendas, en las muecas graciosas, en los chistes poco graciosos, en nuestra complicidad...

No cuentes las horas que dejo de jugar contigo por estar sentada ante la computadora. Cuenta las líneas que he escrito para ti desde antes que nacieras. Mi amor, tú eres la lección de mi vida.

Te adora,
Mamá (Girasol, como me llamas en privado)

 

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