domingo, 10 de mayo de 2015

DE CINCO A SEIS AÑOS DE LUZ

A mi hija y a su padre, a Mami y Papi
Hay días en los que solo soy íntima. Hay memorias que me sacan sonrisas. Hay sentimientos que evocan mis lágrimas. Sin embargo, y a pesar de, vivo intensamente mi desdicha y mi placer. Ya mi bebé es una niña. Con ella tengo las conversaciones más profundas y las más triviales. Las charlas más inteligentes y las más absurdas. Los diálogos más auténticos de mi vida, han sido con ella. Sofía Valentina es, sin duda, la revolución de mi existencia. La rebelión que sus abuelos anhelaban y  no alcanzaron a ver.



Mi hija existe porque la concebí y acepté el decreto. No hay arrepentimiento ni hoy, ni mañana, ni jamás. Su amor cambió mi vida (me ha hecho mejor persona) y es capaz de transformar a los que la rodean. Ella es luz. Ella es amor. Ella es presente. Hoy mi vida (y la de su padre) son el escudo que la protegen, pero mañana o cuando ya no estemos, será ella suficiente coraza para enfrentar la vida.

Eso me queda claro. Como la certeza de que mis padres no están, pero me dejaron suficiente armadura para enfrentar a un ejército y salir airosa. Sin duda. El legado de mi hija es demasiado poderoso. Puedo morir esta noche (lo que no va a suceder) y ella será un roble como su bisabuela.

Hoy recuerdo un día en el que mi papá convalecía (yo estaba embarazada) y sentí que él se despidió de mí con su mirada, y lloré y lloré como si hubiera muerto. Muchos familiares estaban en el hospital esa noche. Alguien me dijo: "tienes que dejarlo ir", pero mi madre, que era callada pero sabia, me preguntaba si me habían dicho algo que me lastimara. Mami sabía que algunos de mis familiares me juzgaban mal por las circunstancias en las que había concebido a mi hija. Pero ni ella ni mi papá, que fueron y son las únicas dos autoridades en mi vida, me enjuiciaron, jamás. Y eso es mucho decir.

Por eso hoy reitero que Mami y Papi me amaron sin condiciones y sin prejuicios. Me apoyaron aunque pensaran que estaba equivocada. Ellos me enseñaron el verdadero amor. Ellos me dieron la lección de mi vida. Hace cinco años, casi seis, que ellos murieron y que mi hija nació. Solo la alcanzaron a ver en las fotos, blanco y negro, de los sonogramas. Pero en la trascendencia de sus almas, están conmigo y con mi hija todo el tiempo. Como también están en los gestos y en los actos de mi hija, todo el tiempo. Porque la genética es la genética y el misterio de la vida es el misterio de la vida.

A mis padres los extraño cada día, irremediablemente. También los siento cada día, afortunadamente. Y mi hija es parte de ellos, como es parte de su papá y de mí. Y esos cinco, casi seis años, son los únicos años en que realmente he vivido. Sofía Valentina es la sagrada bendición de muchas almas hoy y de tantas más, mañana. Es lo mejor de muchos, es un pedazo de ser extraordinario. Mi hija es luz, que nadie ose pensar lo contrario.

P. D. Vale, tú eres bendita como tu abuelo y tu abuela. Tú solo alumbras.
 

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