lunes, 15 de agosto de 2016

DORMIR SIN ELLA

 A mi colección de cómplices 



En septiembre de 2011 escribí una columna titulada “Dormir con ella”. Han pasado casi seis años y es ahora cuando estoy aprendiendo a “Dormir sin ella”, sin mi hija. Lo que en 2011 comenzó como algo provisional, se extendió por casi seis años.


Recordemos:
Soy de las que pensaba que los niños no deben dormir con los padres. Desde que mi hija nació durmió en su propia cuna. Cuando me separé de su papá continuó todo igual. Pero luego empezó a despertarse de madrugada y para no tomar lucha con ella la llevaba a mi cama. En una ocasión se enfermó y la dejé dormir conmigo para velar su sueño. Entonces comenzó mi perdición. (“Dormir con ella”, 16 de septiembre de 2011)

A principios de este año decidí que ya era tiempo de que mi hija durmiera aparte, en su propia habitación. No sabía que me enfrentaba a una tarea muy ardua. Comencé a visitar a una sicóloga para que me ayudara con el proceso, parecía fácil…Veamos algunas de sus recomendaciones: 

·         “La llevas a su cuarto, le lees o le cantas, esperas a que se duerma y te vas”.
·         “Déjale encendida una luz muy tenue y usa un monitor”.
·          “Si se levanta no la dejes meterse en tu cama. Acompáñala a su cuarto y vete”.
·          “No te acuestes en la cama con ella, no la beses ni la abraces demasiado”.

La primera semana fue horrible. Resulta que Sofía Valentina era más grande de lo que creía. Estaba del tamaño exacto de lo que una vez fue su cuna y ahora debía ser su cama. Además, el aire de su cuarto se dañó. Pero lo peor fue que Vale se levantaba cinco o seis veces y el proceso de llevarla al cuarto y dejarla allí, no era fácil. Las instrucciones de la sicóloga me parecieron demasiado rigurosas, tanto que a mí me dolían más que a mi hija y comencé hacer las cosas “mal”. Dejé que se metiera en mi cama otra vez, la mimaba y la consentía mucho, hasta que… volvimos a dormir juntas. Fallé, lo reconozco, era muy difícil dormir sin sus abrazos y perder la noche pasándonos de un cuarto a otro. Nos tomamos un respiro…

Pasaron unos meses. Resolví lo del aire acondicionado y mi amiga,  Ramonita (titi Monchy para Vale) le regaló un bellísimo y acogedor juego de cuarto. Redecoramos la habitación: pintamos y decoramos con el motivo que mi hija escogió: París. El cuarto quedó espectacular y comenzamos de nuevo. Esta vez seguí las indicaciones de la sicóloga, pero con mis modificaciones. Escribí unos versos para mi hija y se los repetí muchas veces hasta que se los aprendió. Dicen así: “Mamá me cuida, / mamá me ama, / aún en mis sueños ella me guarda”.



Las primeras noches ocurrió lo mismo. Sofía Valentina se levantaba muchas veces y yo la acompañaba de regreso a su cuarto. Hubo mimos, hubo llanto, hubo regaños. Mas entendí que tenía que ser consistente.

La fórmula que me dio resultado fue la siguiente:

·         Una pluma de comprensión
·         Una página de tolerancia
·         Un capítulo de refuerzo positivo
·         Un libro de persistencia
·         Una colección de cómplices
·         Una biblioteca de amor
·         Y como toque final, una vida de apego y compromiso

Con este método obtuve el resultado esperado: “dormir sin ella”; pero se trata de una metáfora, porque el plano físico es solo un límite y nuestros corazones y pensamientos nunca se separan. He aquí las palabras de mi hija que lo confirman: “Mami, cuando me despierto me acuerdo de ti y repito: ‘Mamá me cuida, / mamá me ama, / aún en mis sueños ella me guarda’. Eso me ayuda a dormir de nuevo, porque sé que estás conmigo”.

P. D. Estoy y estaré contigo siempre.
 


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