lunes, 24 de julio de 2017

LAS MUJERES, ¿ACARICIAMOS MÁS?



A Cocó
Yo creo que sí. Es fruto de la crianza patriarcal que educa a las mujeres para que sean afectivas y a los hombres, para que se muestren más parcos. Sin embargo, las caricias son una necesidad humana y la cantidad de caricias que recibamos en la infancia, puede determinar cuán pacíficos, empáticos, sanos y felices lleguemos a ser.

Cuando las mujeres nos convertimos en madres, solemos acunar, mecer, acariciar, besar y abrazar a nuestras crías, la mayor parte del tiempo. Hay estudios que muestran que infantes acogidos en orfanatos sobrepoblados, cuyos cuidados se suscriben a las necesidades básicas de alimentación y aseo, han muerto prematuramente. Las caricias, además de ser una forma de comunicación primaria que aporta seguridad y bienestar durante el primer año de vida, sirven para enviar señales que estimulan el cerebro y activan respuestas de crecimiento garantizando un desarrollo saludable. 



La sicología evidencia que la manifestación de afecto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, la soledad y la alegría, la sensación de abandono o de compañía. Muchos seres humanos, en general, han disminuido el contacto físico, sin darse cuenta de que supone un mecanismo de comunicación emocional muy importante. La sicóloga Zubiri Oteiza, afirma que todos necesitamos la reafirmación del afecto a través de una caricia, y estoy de acuerdo con ella.

Hay que aclarar que las caricias pueden manifestarse de muchas formas. A través de un beso, un abrazo, un apretón de mano, o una palmada en el hombro. Así también, podemos acariciar con las palabras, por medio de un saludo amable, un halago, una frase alentadora. Además, acariciamos con la mirada, de la misma forma que podemos agredir con ella. 

Ahora bien, las caricias no pueden limitarse a la infancia. Científicamente se ha comprobado que esta necesidad de contacto sigue manteniéndose a lo largo de toda nuestra vida, ya que es la base del desarrollo emocional de nuestra personalidad, de nuestro equilibrio físico y psíquico. Seamos niños, adolescentes, adultos o ancianos, necesitamos de las caricias para sentirnos aceptados y queridos. 


Lamentablemente, hay culturas que han convertido las caricias  en tabú y  han llegado a controlar las formas de contacto físico, reduciéndolas a lo agresivo o a lo sexual. De ninguna forma, esa falta de afecto, es saludable para el ser humano. Aquí, en Puerto Rico, afortunadamente, nos gusta mucho manifestar afecto. Y las mujeres, acariciamos más. Si no estás convencido de mi afirmación, dedícate a observar parejas en un parque, familias de paseo, personas con mascotas, el entorno laborar y todos los lugares públicos donde cohabitamos. 

Las mujeres acariciamos más que los hombres. Pero las que criamos en este siglo, debemos comenzar a cambiar eso, fomentando la manifestación de afecto entre niños y niñas por igual. Y los hombres que también crían o comparten la crianza, deben romper con el paternalismo y acariciar mucho más. No hay nada más saludable que compartir el calor y escuchar el corazón que estrechamos. Lo digo yo que ando de luto, sin poder acariciar una vez más a la que fue mi compañera fiel por los últimos 8 años y medio. ¡Qué muchas caricias compartimos Cocó y yo! Ando coja de cariño, con caricias guardadas, en la espera de darlas. Así que por lo pronto, mi hija sufrirá una sobredosis de caricias. 



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