lunes, 4 de septiembre de 2017

ALGO MÁS QUE BUENAS NOTAS

Al inicio del año académico muchos padres exigen a sus hijos que saquen buenas notas. “Tráeme todas A”, dicen algunos, “te quiero en el cuadro de honor”, replican otros. Sin embargo, exigirles a nuestros hijos excelencia académica, no debe ser lo más importante. Estamos criando niños para la vida, por lo tanto, es urgente que inculquemos y exijamos otras cosas.
Nosotros somos modelos en el hogar y hay valores que se aprenden en casa y se cultivan en la escuela. Estos deben ser más imprescindibles que las notas que obtengan en las clases básicas, porque los definirán como seres humanos. Hoy propongo siete valores que debemos inculcar desde temprana edad.
  • Compañerismo
En mi caso, tengo una sola hija, pero desde pequeña le he enseñado a compartir con otros niños. Pasó la etapa del cuido, el preescolar y ahora está en grados primarios. Para mí es importante que ella sea buena compañera, comparta con los demás, ayude a sus condiscípulos y aprenda a trabajar en equipo. Mientras más armonía haya entre ella y sus compañeros, más fácil se le hará hacer amigos.
  • Amistad
La amistad es un tesoro que hay que valorar. Por eso es necesario que facilitemos a nuestros hijos la oportunidad de hacer amigos y que aprendan que la amistad nace del afecto, el desinterés y el deseo de compartir con otra persona. Así también, que entiendan que la amistad surge y se fortalece con el trato y el fortalecimiento de la conexión que sentimos con otros.
  • Respeto
Las personas que criamos debemos enseñar lo que es el respeto. Nuestros hijos deben aprender que tienen que considerar a los demás y tratar a las personas como esperan ser tratados. Es imperativo que fomentemos la deferencia hacia los adultos y hacia los maestros, quienes son la figura de autoridad cuando están en la escuela. No debemos minimizar las reglas del salón de clases, ni desautorizar a los docentes frente a los niños.
  • Honestidad
La honestidad debe ser ejemplificada en el seno del hogar para poder exigir a nuestros hijos, que la manifiesten. Ser honesto es ser decoroso, razonable, justo, recto. En el ambiente académico debe manifestarse también. Por eso debemos ser modelos de honestos. Si mentimos, ellos mentirán, si nos apoderamos de lo que no es nuestro, seguramente también ellos lo harán. Al ayudarlos a hacer las tareas, tenemos que enseñarles la importancia de la honestidad académica. Por ejemplo, citar fuentes, hacer bibliografías, etc.
  • Responsabilidad
Todos tenemos responsabilidades y nuestros hijos no están exentos, máxime en la etapa escolar, cuando tienen la obligación de cumplir con sus deberes escolares. Evitemos el error de hacer sus asignaciones, tareas, proyectos. Seamos facilitadores, pero no asumamos sus responsabilidades. Nuestros hijos deben entender que hay cosas que tienen que hacer y que, si no las hacen, sufrirán las consecuencias. Si queremos que se conviertan en ciudadanos ejemplares, tenemos la obligación de enseñarlos a ser responsables.
  • Solidaridad
El valor de la solidaridad nos permite apoyar incondicionalmente a causas, personas o intereses ajenos. Fomentar este valor en nuestros hijos creará seres humanos desinteresados y con genuinos sentimientos y deseos de ayudar a otros. Hará de nuestros hijos ciudadanos que buscarán el desarrollo sustentable en su entorno y en su país.
  • Compasión
Si logramos inculcar la solidaridad en nuestros hijos, será más fácil lograr que desarrollen el valor de la compasión, tan importante para identificarnos ante los males ajenos. Debemos lograr que ellos quieran un mundo mejor y para esto deben ser compasivos.
Este nuevo año académico modelemos, fomentemos y exijamos algo más que buenas notas. Así tendremos maravillosos niños que se convertirán en excelentes seres humanos y vivirán en un mundo mejor.

lunes, 7 de agosto de 2017

"QUIERO MEJORAR MI CONDUCTA"



A padres y docentes
 
Cuando tu hija te dice: "Este año quiero mejorar mi conducta", es una buena señal. Sofía Valentina está cerca de cumplir 8 años y va para tercer grado. No es una niña problemática, pero su conducta en el salón de clases ha sido tema de discusión. Los señalamientos son que se pone de pie en medio de la clase, contesta sin levantar la mano, conversa mucho, entre otras cosas. Por eso las maestras tienen que llamarle la atención, con frecuencia.

A mí también me cuesta corregir a mi hija. Sin embargo, por lo que he leído, es normal que los niños, en el desarrollo, muestren problemas de conducta. No obstante, los padres y los docentes debemos intervenir para erradicarlos antes de que se puedan convertir en un trastorno. 



Según estudios sobre el comportamiento infantil, la conducta de un niño puede mejorar. Entre las recomendaciones profesionales figuran las siguientes:
  • mantener un buen vínculo afectivo
  • dedicarles tiempo de calidad
  • jugar con ellos
  • prestar atención a sus actitudes
  • ejercer el control, siempre que sea necesario
  • poner límites a sus demandas

Si nos fijamos en estos consejos, podemos darnos cuenta que a veces fallamos en varias cosas. El amor es la base de todo, pero no basta sentirlo, hay que demostrarlo. El tiempo a veces nos traiciona porque nos ocupamos en tantas cosas que perdemos la ocasión de compartir con nuestros hijos, sin embargo, es algo que podemos cambiar;
conversar con ellos, reír y jugar un poco. 



Las actitudes de nuestros hijos, muchas veces, son un reflejo de nosotros mismos, así que nos toca mirarnos y evaluar qué estamos trasmitiendo. Y no podemos olvidar, que tenemos que ser firmes en los límites que establecemos, porque no valdrán nada si no nos mantenemos decididos y si no tomamos las medidas pertinentes.

Por otro lado, es igualmente importante el refuerzo positivo. No solo debemos estar ahí para recriminar, error que muchos comentemos. También debemos dar refuerzo positivo y halagar las buenas acciones de los niños para reforzar su autoestima, ya que muchas veces el comportamiento inadecuado es una forma de llamar la atención y si solo los atendemos cuando muestran un comportamiento errado, continuarán haciéndolo.

Algunos pasos que recomiendan los especialistas para corregir los problemas de conducta infantil son:
  • ser claros
  • constantes
  • coherentes
  • asegurar el consenso
Por ejemplo, en lugar de decirles "pórtate bien" hay que aclararles lo que es correcto y lo que no lo es. Si les llamamos la atención por "equis" comportamiento, tenemos que hacerlo todas las veces que muestren la acción que queremos erradicar. Así también debemos cuidarnos de no mostrar nosotros mismos la conducta que estamos señalando, porque ellos imitan lo que observan en su entorno. Asegurar el consenso puede ser lo más difícil si todos los miembros de la familia no colaboran. O en el caso de que nuestro hijo sea disciplinado por más de una persona, ya que a veces lo que permite papá no es lo que permite mamá o viceversa. Debemos estar de acuerdo



Corregir los problemas de conducta es un reto, pero no es una misión imposible. Máxime si ellos mismos reconocen que algunas cosas que hacen no son correctas, pero están dispuestos a mejorar. Así que aplaudo la determinación de mi hija sobre mejorar su conducta. Sé que puede hacerlo porque es una niña decidida y maravillosa.


lunes, 24 de julio de 2017

SIN MÁSCARAS



A las niñas

Creo que todas las madres y padres de este siglo nos hemos preguntado si es más fácil criar a un varón que a una niña. Esta interrogante ha sido tema de discusión en muchos paneles que  coinciden en que es más retante criar a una niña. Muchas madres de esta época aplazamos la maternidad hasta educarnos profesionalmente, tener un buen trabajo y alcanzar cierta estabilidad económica. Además, salimos a la calle a disputarnos hombro a hombro el espacio público que pertenecía a los hombres. Por estas razones, las mujeres que criamos hoy, esperamos más de nuestras hijas que lo que exigieron nuestros padres de nosotras. Ciertamente, no queremos presionarlas, pero entendemos que tienen un mundo de posibilidades que deben aprovechar al máximo.

Ahora bien, ¿por qué es más difícil criar a una niña? Lo es, no por lo que esperamos de ellas las madres, sino por las fuertes presiones sociales y mediáticas a las que nos enfrentamos hoy. Según Helen Wright, directora de la Asociación de Colegios de Niñas de Inglaterra y autora del libro “Tu hija: Una guía para criar niñas”, la sociedad espera que nuestras hijas no solo sean inteligentes y exitosas, que es lo mismo que se le ha exigido a los hombres siempre, sino también “lindas”. 



La tecnología y los medios influyen grandemente en la percepción de la realidad, lo que hace aún más difícil criar niñas hoy día. Concuerdo con Wright cuando dice que actualmente vivimos en la cultura de las celebridades, con un foco abrumador en la apariencia y la forma en la que supuestamente se debería vivir, de una manera que es irreal. El “bombardeo” mediático es tal, que nuestras niñas ya no quieren ser ellas, quieren parecerse a otras. Y este asunto en particular, me parece preocupante.

Creo que cada niña es bella en apariencia y esencia y que no deberían preocuparse por parecerse a alguien más. Constantemente, nuestras hijas están expuestas a mensajes implícitos o explícitos que acarrean el rechazo a su apariencia y la exaltación de un modelo equívoco. Digo equívoco, porque la belleza está en la diversidad. Y la exigencia social de que no solo sean inteligentes y exitosas, sino también “lindas”, no es más que una muestra, de lo que yo llamo, “quita y ponte la máscara”. 



El otro día me sentí indignada ante un video que mostraba como el rostro de una adolescente se transformaba totalmente a través del maquillaje. La chica tapó todas las supuestas imperfecciones que tenía, y cuando terminó de aplicarse el maquillaje, no se parecía a su rostro inicial. Era otra, era una máscara. Creo que mientras menos maquillaje y más naturalidad, mejor lucimos. Ese video me dolió porque entendí que el estereotipo de la belleza pretende borrar la autenticidad de cada niña, cada adolescente y cada mujer.

En este caso, nos corresponde guiar a nuestras hijas y fomentar su autoestima constantemente. Creo que parte de la forma en cómo criamos a nuestras niñas debe enfocarse en este particular, asunto que no atañe a los niños. Debemos proclamar, eres bella porque eres tú: alta o baja, con pelo rizo o lacio, blanca o negra, con ojos oscuros o claros, gorda o flaca, en fin… sin máscara.
Criemos niñas auténticas, libres, felices y de lo demás se encargarán ellas. 



LAS MUJERES, ¿ACARICIAMOS MÁS?



A Cocó
Yo creo que sí. Es fruto de la crianza patriarcal que educa a las mujeres para que sean afectivas y a los hombres, para que se muestren más parcos. Sin embargo, las caricias son una necesidad humana y la cantidad de caricias que recibamos en la infancia, puede determinar cuán pacíficos, empáticos, sanos y felices lleguemos a ser.

Cuando las mujeres nos convertimos en madres, solemos acunar, mecer, acariciar, besar y abrazar a nuestras crías, la mayor parte del tiempo. Hay estudios que muestran que infantes acogidos en orfanatos sobrepoblados, cuyos cuidados se suscriben a las necesidades básicas de alimentación y aseo, han muerto prematuramente. Las caricias, además de ser una forma de comunicación primaria que aporta seguridad y bienestar durante el primer año de vida, sirven para enviar señales que estimulan el cerebro y activan respuestas de crecimiento garantizando un desarrollo saludable. 



La sicología evidencia que la manifestación de afecto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, la soledad y la alegría, la sensación de abandono o de compañía. Muchos seres humanos, en general, han disminuido el contacto físico, sin darse cuenta de que supone un mecanismo de comunicación emocional muy importante. La sicóloga Zubiri Oteiza, afirma que todos necesitamos la reafirmación del afecto a través de una caricia, y estoy de acuerdo con ella.

Hay que aclarar que las caricias pueden manifestarse de muchas formas. A través de un beso, un abrazo, un apretón de mano, o una palmada en el hombro. Así también, podemos acariciar con las palabras, por medio de un saludo amable, un halago, una frase alentadora. Además, acariciamos con la mirada, de la misma forma que podemos agredir con ella. 

Ahora bien, las caricias no pueden limitarse a la infancia. Científicamente se ha comprobado que esta necesidad de contacto sigue manteniéndose a lo largo de toda nuestra vida, ya que es la base del desarrollo emocional de nuestra personalidad, de nuestro equilibrio físico y psíquico. Seamos niños, adolescentes, adultos o ancianos, necesitamos de las caricias para sentirnos aceptados y queridos. 


Lamentablemente, hay culturas que han convertido las caricias  en tabú y  han llegado a controlar las formas de contacto físico, reduciéndolas a lo agresivo o a lo sexual. De ninguna forma, esa falta de afecto, es saludable para el ser humano. Aquí, en Puerto Rico, afortunadamente, nos gusta mucho manifestar afecto. Y las mujeres, acariciamos más. Si no estás convencido de mi afirmación, dedícate a observar parejas en un parque, familias de paseo, personas con mascotas, el entorno laborar y todos los lugares públicos donde cohabitamos. 

Las mujeres acariciamos más que los hombres. Pero las que criamos en este siglo, debemos comenzar a cambiar eso, fomentando la manifestación de afecto entre niños y niñas por igual. Y los hombres que también crían o comparten la crianza, deben romper con el paternalismo y acariciar mucho más. No hay nada más saludable que compartir el calor y escuchar el corazón que estrechamos. Lo digo yo que ando de luto, sin poder acariciar una vez más a la que fue mi compañera fiel por los últimos 8 años y medio. ¡Qué muchas caricias compartimos Cocó y yo! Ando coja de cariño, con caricias guardadas, en la espera de darlas. Así que por lo pronto, mi hija sufrirá una sobredosis de caricias.